domingo, 21 de febrero de 2010

San Francisco I

No sé por dónde empezar. Si veo que me alargo cortaré y lo haré en varios capítulos…
Bueno…: San Francisco.

Me ha encantado. No sé si porque es bonito, o porque la gente ha sido muy agradable siempre, o porque sencillamente uno está de vacaciones y con poco se conforma… o todo junto. Pero lo he pasado bien y me cuesta hacerme a la idea de que mañana es lunes y he de volver a trabajar. El caso es que he desconectado y he descansado totalmente. Qué bueno.
Esta vez acompaño el texto con muchas fotos, para que se os haga más ameno. Espero que os guste. Las primeras son la vista de Boston desde el avión. A la ida fui de día y pude ver el país entero y cómo cambia el paisaje según lo atraviesas. Ya veis que está hasta el río congelado.

Esto es Chicago. Sigue habiendo mucha nieve.


Seguimos camino, y aún estamos en el norte: nieve y paisajes casi desiertos, inmensos.

Ahora ya empiezan a verse montañas.

Y cada vez menos nieve.


Hasta que se nota el cambio de ambiente.


Ya veis. Para llegar allí hay que atravesar el país entero. Muchas montañas. Muchas. Está lejos.

El aeropuerto de San Francisco está a la orilla del mar, así que el avión va descendiendo cuando aún vas sobre el agua, hasta que toma tierra al borde mismo del mar. Y como hay varios salientes, los unen con distintos puentes, y llama la atención ver una carretera larguísima por encima del agua.


Tomando tierra:

Primera visión de la ciudad, desde el taxi.


Era domingo, llevaba todo el día de viaje, y fui directa al hotel y no salí ni nada. Allí son tres horas menos que aquí, pero intenté no habituarme demasiado al horario para no tener que volver a hacerlo ahora de regreso. Así que me acostaba muy temprano, y me despertaba también prontísimo, pero me vino bien. El hotel estaba muy bien. Quise que estuviera céntrico y que fuera bueno ("porque yo lo valgo"), y así fue. También tenía una piscina, pero sólo fui un día. Los demás volví demasiado cansada como para ponerme a hacer más ejercicio aún.


Llegué el día 14, día de San Valentín, y al día siguiente me contaron que es tradicional ese día reunirse en una plaza concreta con un cojín de plumas, y hacer una guerra de cojines. Así, en medio de la ciudad. Se ve que hay muy buen ambiente, y hay tanta gente que de tanta pluma que hay volando por el aire hay quien lleva una mascarilla y todo para poder respirar. Suena divertido… Al menos es bien original. Me hubiera gustado verlo.

El lunes tenía ya reservado un tour a los bosques de Muir, donde hay unos árboles llamados “sequoias” que se ve que son los más altos del mundo. Íbamos un grupito de gente en un mini-bus, todo el día juntos, con lo que al final acabas haciendo amistad y charlas y lo pasas bien.







El guía era muy simpático y lo hizo muy bien. Nos explicó mucho de la historia de la ciudad, y nos llevó por donde vive George Lucas, que cerca tiene además los estudios donde se grabaron las películas de “La Guerra de las Galaxias”, y nos contó el pastón que paga cada año para que una zona de allí cerca se siga considerando Parque Natural.
Después del bosque fuimos a hacer una cata, y después de comer fuimos a dos sitios más. Demasiado vino para mí que entiendo bien poco… Pero en fin, estuvo bien.

A la hora de comer paramos en una placita con encanto, alrededor de la cual había muchos restaurantes y también había una especie de supermercado donde vendían queso, pero había unas cajitas con tacos de queso de montones de sabores distintos para que la gente los probara primero. Así que recorrimos el pasillo de punta a punta probándolos todos. Muy curioso. Me llevé dos, así que luego en el hotel conseguí que me pusieran una neverita en la habitación para poder conservarlos. Esto fue genial porque así aproveché y compré yogures y alguna cosita más que me sirvió para desayunar en la habitación antes de salir y ahorrar algo en comida. Y es que ¡¡todo era carísimo!! Es normal, porque uno va de turista y ha de visitar sitios, y comer, y hacer cosas, claro, pero ¡vaya!, los billetes se van volando.
Probando quesos:
En la comida:

Las catas de la tarde...




De regreso, paramos para hacer fotos del puente desde lejos, pero era ya casi de noche.



Al día siguiente estuve paseando un poco intentando centrarme en todo lo que tenía por ver e intentando organizar el resto de la semana. Pasé por la oficina de turismo, me monté en el tranvía ése tan turístico que hay, pasé por la bahía, y en fin, hice algunas cosas pero básicamente el día me sirvió para aprender cómo funcionaba todo y dónde estaban las cosas más destacadas y planificar.

Menos mal que me compré una cosa que aquí llaman "City pass" y que por $59 me valió para estar toda la semana utilizando cualquier transporte público y visitando los lugares más importantes que hay que ver: un crucero por la bahía, museos, etc. Un gran invento. Le saqué partido.

Rodando un anuncio en Union Square:



Por supuesto empecé probando lo más típico: Lo del tranvía es muy original. Recorre una amplia zona de la ciudad, desde el centro hasta la bahía, las calles con más pendiente, de punta a punta. Cuando llega al final del trayecto le dan la vuelta manualmente: siempre hay dos hombres conduciendo, y cuando llegan a cada punta se bajan y sobre una plataforma redonda empujan para darle la vuelta y dejarlo mirando al frente de nuevo. Listos para un nuevo viaje.

Alguna señora vio sentada en uno de los viajes a alguien que aparece en “American Idol”, que es como algún programa de ésos posteriores a “Operación Triunfo” en los que la gente canta y luego un jurado te dice cómo lo has hecho, pero siendo muy muy críticos. Algo así. Y empezó a gritarle y a decirle que se acercara para hacerse una foto. Aquél se largó bien pronto. Hizo bien. En fin, turistas bastos los hay en todas partes.


Vistas tomadas desde el propio tranvía:

¿Qué tal se me ve?





También paseé por algún parque conocido por las casas victorianas que hay y la vista que tiene, por ejemplo. Caminé mucho ese día. Mucho. Allí vi la cantidad de perros que tiene la gente. Y grandes. Muchos galgos, creo que se llaman. La verdad es que la temperatura era ideal para salir al parque con la excusa de pasear al perro, y disfrutar de las vistas. Sólo por eso vale la pena vivir en una ciudad así.


Lo más fuerte vino por la tarde. Tuve una experiencia muy triste. Vi cómo se suicidaba una persona. En serio. Venía del hotel y bajaba hacia la plaza central, donde salen estos tranvías de los que os he hablado, donde está la oficina de turismo… Estaba lleno de gente. Me di cuenta de que algo pasaba. La muchedumbre toda estaba pendiente de algo. Pensé que había algún show. No me dio tiempo a ver ni pensar mucho. De repente oí unos gritos, escuché “¡plof!!”, y no muy lejos, vi unas piernas desnudas, inertes. Lo comprendí al instante. Seguí mirando, inmóvil, incapaz de reaccionar. Unos policías habían desalojado un trozo de aquella zona previamente. Iban y volvían alrededor del cuerpo. Allí seguía la gente mirando. Algunos desalmados tomaron fotos. Después de un buen rato cubrieron el cuerpo con alguna sábana. Sólo llevaba unos pantalones cortos azules. Nunca lo vi caer ni vi su cara. Una mujer detrás de mí se quejaba de que los policías no intentaron detenerle. Parece ser que llevaba allí bastante tiempo, en una repisa en lo alto de aquel edificio, hasta que por fin decidió saltar. ¡Tanta gente lo vio caer! Yo eché en falta una ambulancia. En los días siguientes, cogidas a la baranda, la gente puso flores.

No es algo inusual, por lo que parece, aunque el lugar favorito de estas pobres personas parece ser el Golden Gate Bridge. Desde este puente es desde donde más suicidios ocurren de todo el país. Tanto, que hay carteles a lo largo del puente como éste:
Dice más o menos: "Orientación en casos de crisis: HAY ESPERANZA. LLAMA. Las consecuencias de saltar desde este puente son fatales y trágicas."
Es bastante indicativo de la frecuencia con la que esto ocurre, ¿no?

Y otros carteles prohíben caminar por ahí después de las 6.30 de la tarde.
Al menos lo considero un lugar más discreto que el que eligió este otro chico. En fin.

Lo más triste para mí de este viaje fue, a parte de esto, ver tanta gente pobre pidiendo por las calles. Mucha. Encontré a un hombre especialmente original a la hora de pasar el día pidiendo dinero: se escondía tras unas ramas, y cuando algún despistado pasaba por delante, aparecía él y les daba un susto. El hombre se lo pasaba bien, y a los demás nos hacía reír, así que si hay que dar dinero, así al menos lo das con una sonrisa y no te amargan la vida. Bueno, no tanto. Vi en un par de ocasiones a gente ofreciendo, literalmente, unos bocadillos a estos pobres.

El miércoles ya estaba más centrada. Hizo un día espectacular, igual que el martes. Comencé yendo bien tempranito a La Misión, la iglesia que es el edificio más antiguo de todo San Francisco y que aún se conserva casi tal cual. Allí oí misa. Era miércoles de ceniza y siempre me ha gustado ese día. La iglesia la construyó Fray Junípero Serra, una de tantas misiones que abrieron por toda California, y está dedicada a San Francisco de Asís.








La imposición de la ceniza, en España, es, yo creo, más bien simbólica: te hacen la señal de la cruz apenas con algo de polvo en la frente, o incluso en la cabeza. Casi nada. Y si algo se ve, luego te lo quitas al salir. Aquí no. Aquí las cenizas estaban húmedas, y cuando te las ponía el cura se te quedaban bien marcadas en la frente. Ahí, una cruz negra bien definida. Yo, al salir, saqué un espejito y con un pañuelo me lo limpié todo hasta que mi frente quedó igualita que cuando entré: ni rastro de ceniza. Pero se ve que no es lo normal. Aquí la gente se lo deja todo el día. Así que a lo largo del día me fui cruzando con diferentes personas con una cruz negra en la frente. No muchas, pero vaya, unas cuantas. Muy curioso. Y claro, comprendí de dónde venían.

Por la noche decidí ir a ver un show: el musical “Wicked”, que cuenta la historia de la vida de la bruja mala del oeste de “El Mago de Oz”. Muy guay. La aposentadora había estado claramente en misa ese día, vaya. Y un matrimonio, antes de sentarse, le preguntó: “Es que no somos americanos, así que no entendemos qué significa eso. ¿Por qué lleva la gente esa cruz en la cabeza?”


No se podían hacer fotos durante el espectáculo. Me quedé con las ganas porque fue increíble. Tendréis que ir a verlo vosotros para disfrutarlo.

Voy a dejarlo aquí. Haré un segundo capítulo a lo largo de la semana, o el fin de semana que viene. Espero que os esté gustando.
Un abrazo.

2 comentarios:

  1. ¡Extraordinario reportaje!

    Ahora ya puedo decir que he visitado San Francisco.

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  2. Eres muy afortunada porque, aunque vivas experiencias tan tristes como la que nos has contado, estas aprendiendo mucho y, al parecer, disfrutando como una enana. ¿Te has planteado solicitar San Francisco para el curso que viene?
    Mucho cariño
    KRUSTY

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