sábado, 30 de octubre de 2010

Recordando la semana sentada en el sofá

Hola. Ya estoy aquí de nuevo.
Os escribo sentada en mi nuevo sofá. Bueno, nuevo para mí, claro. Los dueños del piso se han comprado muebles para su casa, y los que tenían hasta ahora los quieren dejar aquí para amueblar el piso poco a poco. A mí me viene bien, porque sin coste extra, me he encontrado con un nuevo sofá que me viene de maravilla.


Es de ésos que los asientos de las puntas se convierten en sillones reclinables. Es de tres plazas, con lo que me puedo tumbar todo lo larga que soy, y claro, en consecuencia, ya me he acabado durmiendo en él unas cuantas veces. Así que estoy encantada. Había otro a conjunto que han tenido que dejar en el sótano, porque, aunque no le va al resto, yo quería mantener el que he tenido todo este tiempo. Y es que es sofá-cama, y lo necesito para las visitas que esperaré en abril: a principios vuelve Claire, que ya estuvo aquí el año pasado, y que viene con su hermana y tíos, y a finales del mismo mes, mi primo Gustavo y su mujer. Y en medio, me vuelvo yo a casa a pasar una semanita. ¡Vaya mes! ¿eh? Voy a convertirme en una guía experta de Lowell y de Boston. :) Me encantan las visitas. ¿Alguien más se anima? ¡Que esto se acaba!

La semana pasada me fui a Boston porque había un festival de música clásica para niños en el edificio del Symphony Hall, que es una pasada y aún no lo conocía. Una chica de Iberia lo mencionó, y me apunté con ella. No la conocía ni la había visto antes. Es lo que tiene esto de Iberia. Pero pasamos un día genial. Había varias salas en las que ofrecían mini-conciertos: la más grande para orquestas o coros grandes,
y un par más pequeñas para grupos menos numerosos: un cuarteto con instrumentos de viento, otro con instrumentos de percusión, y así, de todo. Tocaban muchos grupos de niños o jóvenes que están estudiando en conservatorios de Boston, y también adultos profesionales. Fue una pasada. Pero era en plan informal. Mientras tocaban, la gente entraba y salía, pasaba por delante, los escuchaba sentada sobre la alfombra justo delante de ellos... Había, además, talleres para niños para que probaran a tocar instrumentos, y personajes de la Warner paseándose por allí. Yo me hice una foto con “the cat in the hat” que es superfamoso aquí. Y nos regalaron unas bolsitas con un cuento, un lápiz y alguna tontería más, pero siempre todo relacionado con la música.
Al salir, aún dio tiempo para un paseíto por el río.
Luego por la noche, Niamh me invitó a un show en New Hampshire en el que actuaba un cómico también muy conocido. Jeff Dunham. Es ventrilocuo, y sus muñecos son muy particulares y tienen personalidades muy llamativas. Con las fotos os podéis dar cuenta. Fue difícil entender todo, porque claro está que el humor tiene mucho de juegos de palabras o asociaciones culturales que yo no soy capaz de pillar, pero fue divertido y lo pasé muy bien.
Me quedé en su casa, y volví al día siguiente. De camino, pude disfrutar de las vistas de los árboles en plena época de cambio de color en las hojas.
El domingo estaba tan cansada, que ni siquiera salí por la mañana a misa. Y como donde normalmente voy no las hacen por la tarde, pues tuve que ir a las 5 a otra iglesia que hay también cerca. Bueno, pues casualmente, era el día en que celebraban las confirmaciones de un nutrido grupo de jóvenes. Y la misa la ofició el obispo. Como soy así, sin conocer a nadie de nada, me emocioné y todo. Menos por una chica, que cuando acabó de leer la lectura me pareció que dijo “the world of God” (el mundo de Dios), en vez de “”the word of God” (palabra de Dios), y pensé que era una de ésas que luego no vuelve a la iglesia ya en la vida. Pero a pesar de todo, era el Espíritu Santo el que estaba haciéndose presente allí ese día. Fue bonito. El obispo empezó el sermón diciendo eso de que Dios tiene un plan para nosotros, desde incluso antes de que nazcamos. Y eso que pasa que algunas frases se te quedan, y te hacen pensar. A mí me pasó con ésta. Empecé a preguntarme que cuál era su plan para mí. ¿Estoy cerca o lejos de eso que Él espera de mí? ¿Lo estoy haciendo bien? ¿Qué será de mí? Ya sabéis: cuando la cabeza empieza, no hay quien la pare.

Claro que eso me recuerda un cuento que leí de un libro que me regaló mi madrina cuando yo era pequeña. Un niño consiguió, no recuerdo cómo, una bobina de hilo, que era su vida. Él, intrigado, la iba deshaciendo para saber lo que iba a pasar en el futuro, si le pasaría esto o aquello. La curiosidad hacía que siempre necesitara saber algo más. Así que al final, de tanto deshacer la bobina, se quedó sin hilo. Había pasado toda su vida de repente y se había hecho viejo, y no la había vivido realmente.

Lo importante es ir viviendo, ir haciendo camino. Lo sé. Pero el camino también hay que irlo planificando, aunque luego los planes no salgan como uno creía, ¿no? Y ahora mismo, pese a mis 34 años, a los que, para muchos, sobre todo teniendo familia, todo está más definido, yo pienso que tengo muchas opciones abiertas, y no sé bien por dónde echar a andar. No porque esté perdida, no. Lo digo en plan positivo: tengo ganas de tomar muchos caminos, y además tengo la suerte de poder tomarlos. Lo que pasa es que por todos no se puede ir y hay que escoger. Pero hay muchísimas cosas que me gustaría hacer en la vida, y no sé cuál es la mejor.

En fin, dejo de filosofar y sigo con lo mío (de lo otro, con el tiempo se verá lo que fue):

Este jueves hubo incidente en el colegio. Cuando llegué vi que, igual que pasó un día el año pasado, se había ido la luz en todo el edificio. Estábamos a oscuras en el comedor-gimnasio del colegio, todos: profesores y alumnos. Poco a poco, con linternas, se fueron llevando a los grupos a sus clases. Como era de día, dentro de las clases se podía estar. El problema eran los pasillos y los baños y demás. No iban los teléfonos tampoco. Cada profesor tuvo que ir llamando con su móvil a las familias de cada niño para que vinieran a recogerlos. Imaginaos el caos que eso supone en muchas casas. Al final, la luz la restablecieron sobre las 11, pero para entonces ya estábamos todos en casa.

En realidad nos vino muy bien ese día extra, ni qué decir tiene. Esa semana podía uno notar cómo todos los maestros estábamos especialmente cansados. Aproveché para hacer algunos recados que son difíciles de hacer cuando uno trabaja entre semana, y sobre todo, aproveché para descansar, que era lo que más necesitaba. Lo que no sabemos es si habrá que recuperar el día o no. En nuestro calendario, cuando se pierden días por nieve o por otras razones, y no se ha trabajado hasta las 12 de la mañana, el día se tiene que recuperar luego en junio. Se recuperan hasta 5 días. Si se han perdido más, pues ya nada. Los de mantenimiento y el equipo directivo sí que se quedaron hasta las 12, pero no sé si cuenta…

El miércoles por la noche, justo el día de antes, habíamos estado de jornada de puertas abiertas. Era un día para que los niños, con sus familias, vinieran al colegio y se pasaran por las clases y hablaran con los profesores, etc. Se trataba de tener un encuentro informal con los padres para que vieran qué cosas estamos haciendo en las aulas. Hicieron una exposición de lo que habían hecho en clase de arte, y vendieron pastelitos... Los profesores tuvimos que preparar las clases también un poco para recibirlos. Yo puse en la tele un vídeo que habla de cómo se vive en Puerto Rico; por las mesas repartí muestras de las cosas que hemos estado haciendo en las clases; puse en la pizarra el póster con la letra de la canción que estamos cantando estas semanas al principio de las clases; o dejé a la vista el gorro que hago que se pongan los niños cuando es su cumpleaños y les cantamos el “cumpleaños feliz”.

Yo creía que no vendría nadie. Que irían a su clase y ya está. Además yo estoy al fondo del edificio. Realmente hay que venir a cosa hecha porque uno no pasa por allí de casualidad. Pero no me importaba. Pensaba que adelantaría trabajo. Bueno, pues no. Sí que vino gente. Sobre todo niños de 5º, que tienen sus aulas muy cerca y a ésos sí que les venía de paso, y de 2º, que aún son pequeños y les ilusiona ir guiando a los padres explicándoles dónde hacen cada cosa y quién es quién. Fue muy agradable charlar con los padres y conocerlos, y sobre todo oírles decir que los niños llegan a casa tarareando alguna de las canciones que cantamos aquí que no se les van de la cabeza, o que están contentos con la clase. Salía del edificio a las 8 de la noche.

Sinceramente, lo de la falta de luz del jueves fue un regalo que cayó en el momento justo.

Y el lunes anterior tuvimos otra práctica de ésas para casos de emergencia. No se nos acaban. Esta vez se trataba de una posible emergencia cuando están en el autobús. Tenían que hacerla todos, porque aunque no todos usan este transporte para venir cada día al colegio, puede que hagan excursiones, y por eso también han de saber qué hacer. Nos metieron a tres o cuatro clases en el mismo autobús. Nunca había estado en uno de ésos amarillos. No son iguales que los demás. Los asientos son muy altos y los niños no ven a los de delante, pero se pueden sentar hasta tres en cada uno. Todas las ventanas, con empujarlas, se salen. Hay cámaras. La parte de detrás es una puerta que se abre y es también una salida de emergencia. La conductora nos estuvo explicando qué hay que hacer si pasa algo y por qué hay que comportarse de cierta forma cuando se está ahí dentro. Fue curioso (para mí, por lo menos, que todo esto lo oigo de nuevas). Nada más. Fueron un par de minutos. Salimos por la parte de atrás, y de vuelta a clase.

Ya está. Ya os he puesto al día otra vez. Ahora a cenar, y dentro de nada, estrenamos semana nueva, que os contaré, si Dios quiere, en mi próxima entrada.

Os dejo con unas vistas del río de Lowell por donde he estado paseando los fines de semana pasados, del trenecito –o más bien del vagón– turístico que recorre el centro de la ciudad en verano y que aquí estaba cruzando una calle, y algún vídeo del festival de música que os he comentado.

Buenas noches.




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sábado, 16 de octubre de 2010

Hispanic Heritage Celebration, y algunas anécdotas más

¡Buf! ¡La de cosas que tengo esta vez en la lista para contaros!
Son casi todo chuminadas que se me han ido ocurriendo, nada del otro mundo, la mayoría, pero me apetece compartirlo aquí.

Voy a ir para atrás: os cuento lo de ayer, viernes:
Celebramos el día de la Herencia Hispana en el colegio. Con eso de que el 12 de octubre es el día de Cristóbal Colón y hacemos fiesta (no como en España que se celebra el 12 caiga como caiga, y así de paso hacemos puente el 11, y estamos sin trabajar cuatro días; aquí las fiestas se pasan al lunes de la semana en que cae la fecha)… Decía que con eso de que es la celebración del descubrimiento de América, cada año el presidente del país hace una proclama por la que se declara que del 15 de septiembre al 15 de octubre se conmina para que todos organicen actos conmemorativos de la rica herencia que los países hispanos han aportado a los Estados Unidos.

En mis clases me dediqué a contarles un poco de historia, para que conozcan por qué Cristóbal Colón quería hacer ese viaje, que todos lo tomaban por loco por creer que el mundo era redondo y que podría llegar a la India yendo hacia el oeste, y porqué necesitaban encontrar una ruta alternativa para ir a ese país, y todo eso. A lo mejor mezclo cosas, pero con un mapa mundi que tengo en la clase, me sale un cuentecito muy ameno y los tengo a todos intrigados, dejo a España en muy buen lugar, y aprenden algo del origen de la historia de su continente que no saben, y mato no sé cuántos pájaros de un tiro. El único curso que sabía más del tema eran los de segundo. Su profesora les habló un poco del personaje en clase, y se hicieron unos gorritos monísimos que simulaban el mar y tenían las tres carabelas, con sus nombres, pegadas.

Siempre hay quien anda más perdido. Una niña me preguntó dónde estaba América, y le enseñé en el mapa lo que es el continente entero, qué parte, de todo eso, es donde está su país, y luego dónde está Massachusetts, donde vivimos nosotros... Espero que se le quede.

Nuestra directora no quería que se hiciera gran fiesta, pero algo había que hacer. Y no salió mal la cosa: yo presenté una de las dos celebraciones (la escuela es demasiado grande para hacerla para todos a la vez, y por eso se repite todo dos veces); salió una señora a presentar el acto -es ecuatoriana por parte de padre, pero no habla casi español, y vino a decirles a los niños que es muy importante aprender más lenguas, sobre todo la de sus raíces (ella lamenta no haber aprendido el español pese a que su padre es hispano), y que estudien; luego actuó un grupito de niños disfrazados de gallinas bailando la canción de “La gallina turuleca”, que estuvo muy gracioso, y un coro cantó un par de canciones en español, otros bailaron un merengue… La directora acabó con otro mensaje en el que recordaba la impecable actitud de los mineros chilenos. Salió bonito y no se hizo nada pesado. Al contrario. En una hora, o menos, se había hecho todo.

Luego por la noche hubo un “pot luck” que se llama. Se trata de que los padres, niños y los profesores que quieren traen algo de comer y nos juntamos en el colegio y se hace un poco de “convivencia”. Se hacen más a lo largo del año, y a ésta decidí ir por eso de que era especialmente enfocada al departamento en el que doy clase, y había que quedar bien. Pero me costó salir de casa: una noche de perros, hacía: llovía, hacía aire y frío, y estaba calentita en casa… Pero fui. Y me alegro. Uno siempre se alegra de salir, lo que cuesta es arrancarse. Charlé con varias compañeras del colegio, comí un poco, vi gente, saludé a otros, la directora y subdirectoras me vieron (que, ¡oye, cuenta!). En fin, fue agradable.

Una de las profesoras con las que charlé dijo que a ver si para la próxima, no se utilizaba el término “celebración”, que en vez de eso se diga “acto cultural” o “muestra”, o algo así. Es que sino, los testigos de Jehová se pierden el poder ver a sus compañeros actuando. Unos cuantos niños, durante este show, se quedaron ayer en las clases porque ellos no pueden ir a nada que sea sinónimo de celebración. Si se cambia el término, algunos menos radicales puede que fueran. ¿Os acordáis de lo que comenté la semana pasada de los cumpleaños? La de cosas que se pierden las pobres criaturas.

Y salió a la conversación también los nombres que ponen los padres a los niños. En este caso, a varios hermanos. Alguien recordará que yo el año pasado tenía a dos hermanos gemelos que tenían por nombre Marco y Marcus. Ayer descubrí que la hermana de un niño que yo conozco, Prince (“príncipe”), se llama Princess (“princesa”). Y me hablaron de unas primas que otra profesora tenía en la misma clase también el curso pasado. Una se llamaba Precious Jewel, y la otra Precious Diamond (algo así como “joya preciosa” y “diamante precioso” – y de preciosas se ve que no tenían un pelo). Por último alguien comentó que había un niño que se llama Junior (de nombre) y Junior (de apellido). No sé si llamar a los padres originales, o todo lo contrario!!

En fin, era una nota curiosa.

Y para notas curiosas, otra “made in Spain”. En la lista ésta de Iberia a la que estoy apuntada donde nos mandamos correos todos los que somos españoles y vivimos en o cerca de Boston, hay mensajes de todo tipo: gente que va a pasar aquí una temporada y busca alojamiento, gente que quiere comprar o vender algún mueble, que piden consejo para algún asunto personal o profesional, o gente que queda los fines de semana para jugar al fútbol o tomarse una cerveza juntos en un bar, o las comentadas tortilladas. La mayoría uno los borra y punto. Pero a veces se aprenden cosas interesantes y me gusta leerlos para ver qué dudas tienen algunos. Hubo quien preguntaba dónde se podía conseguir tomate frito Orlando (creo que era esta marca). Se sucedieron un montón de emails de gente que pedía que les enviaran a ellos también las respuestas porque estaban interesados, o de quienes ofrecían ideas y comentaban sus descubrimientos particulares relacionados con el tema. Curiosísimo. (Normalmente la pregunta se formula en general para todo el grupo, pero las respuestas ya se envían sólo al interesado, porque sino la cantidad de mensajes recibidos al día sería brutal). No sé si lo habrán conseguido, la verdad, lo del tomate frito. Otros pedían consejo para comprar buen pescado. Y también muchos comentaban los diferentes sitios donde uno puede encontrar cosas que se acerquen a lo que sería una pescadería española, aunque sabiendo que aquí no es igual y nunca podrían encontrarlo de la misma manera.

La gente casi siempre encuentra respuesta a sus preguntas, sean del tipo que sean. Hasta lo más raro. Y claro, algunos acaban diciéndose: “oye, pues voy a intentarlo, que a lo mejor también encuentro yo lo que quiero”. Y ahí estamos, que el otro día uno envió un email diciendo que si alguien sabía dónde se podía comer un buen cordero asado, del estilo de Aranda del Duero. (¡¡¡¡!!!!) Claro, a ver, lo que yo pensé es lo que pensó otro, que contestó con sorna diciendo que “ya que estamos, ¿alguien sabe dónde se puede ir a ver una corrida de toros? Es que soy un gran aficionado.” Tío, no me jorobes, que todo tiene un límite, y esto no es España, y hay cosas que no vas a poder hacer igual, a ver si me entiendes.

Pero hete aquí, que seguimos recibiendo mensajes: por un lado los que no han pillado la ironía, y contestan muy serios que aquí las corridas están prohibidas, y te remiten a una página web que habla del tema, o te dicen que lo más cercano sería en México o en todo caso ver un rodeo; y por otro lado, uno (en singular) que dice que Fulanito, el del restaurante Nosequé, te lo puede preparar (el cordero asado, digo). Claro que hay que avisarlo con tiempo porque lo tendría que comprar antes porque te lo prepararía sólo para ti, pero que él se lo preguntó el otro día y el chef dijo que sí, sin ningún problema. ¡Qué cosas! Ya no puede uno ni bromear. ¡Aquí todo es posible! El otro día encontré en el supermercado una cosa que me está haciendo las veces de jamón serrano. Creo que es italiano (ellos sí que lo han conseguido exportar, que son más listos), y no es lo mismo, pero no está mal…

Por cierto que en el supermercado también vi el otro día la decoración que tienen preparada con motivo de Halloween: una araña de plástico grandota dentro de la nevera donde venden los embutidos. Encantador. Nunca he tenido nada en contra de Halloween. Como profesora de inglés en España me vestía ese día toda de negro y para dar las clases me ponía un sombrero de bruja. Increíble, conociéndome a mí, pero cierto. Pero de ahí a que esté viendo por todas partes como decoración telarañas y arañas, eso ya no me va nada.

Y es que estamos ahí. Ya a mediados de octubre. El tiempo pasa rápido. Yo ya he estrenado mi sección de ropa de invierno. El pasado martes me puse por primera vez unas botas. Y desde el miércoles llevo el abrigo puesto para ir al cole por las mañanas. No es tan gordo como la cazadora, pero es indicativo de que el tiempo no es lo que era.

Lo típico aquí de la temporada de otoño, aparte de salir al campo para ver el cambio de color en las hojas de los árboles, es ir a recoger manzanas (“apple picking”). La gente va a sitios donde tienen manzanos, pagan una entrada, y les dan una bolsita o una cesta, y se van por ahí a recoger manzanas. Y cuando tienen la cesta llena, pues se van a casa, y se dedican a cocinar un montón de recetas que lleven manzanas, ¡claro! Por lo visto es muy divertido, pero también muy caro.

La noche del sábado al domingo pasado hubo un incendio aquí en Lowell. Fue muy trágico. Fue de madrugada. Oí las sirenas a las 4 de la mañana. (Son escandalosas y andaba yo quejándome de la contaminación acústica –también oigo muchas noches el “bum bum” de una discoteca que han puesto en la calle de detrás). Al día siguiente fui a comprar un jarabe para la tos y me encontré frente al edificio que se había quemado. Lo tuvieron que demoler entero. Murieron dos personas. Muchos se han quedado sin casa. Es algo terrible. En Internet se ven los vídeos de diferentes momentos de la actuación de los bomberos, y se ve cómo no consiguen salvar a una persona y cómo otros bajan por la escalera saliendo a través de la ventana, con una manta que les dan pero van hasta descalzos. No llevaban nada más que la ropa de dormir. Lo han perdido todo. Es tristísimo.

Bueno, ya he escrito bastante. Por desviar un poco la nota trágica y no acabar tan tristes, os diré que nuestro colegio se ha apuntado a un concurso y al colegio que más votos tenga le pagan el proyecto que haya descrito. Nosotros tenemos un “patio” para el recreo de los niños en muy malas condiciones y nos gustaría mejorarlo. Se puede votar todos los días y se puede votar con varias cuentas de correo electrónico. Yo cada mañana voto desde mis tres cuentas distintas. Si alguno nos queréis apoyar, éste es el enlace:
http://clorox.promo.eprize.com/brightfuture/gallery?id=2954&cid=p1core-tbx09.f.1800/ae993/12f/32d8d8e2.f07b62a2dcb1d9891bbbfbdb3b63d610&page=1 . Clic en “vote for this nomination”. Os saldrá un cartelito pidiéndoos que os inscribáis. Sólo hay que poner el nombre, la fecha de nacimiento y poco más. Si lo repetís otro día, sólo habrá ya que poner vuestro email arriba donde dice “login”, y ya está.

Y si os remite a la página principal, haced clic en el centro donde dice “vote now”. En la siguiente pantalla escribid “Lowell”, y de los dos colegios que os aparecerán, elegís “Lowell Community”. Por último, clic en “vote for this nomination”. Estamos en el número 40 y hay más de 1000 colegios apuntados. Gracias de antemano por colaborar.

Besos a todos, y ¡¡gracias una vez más por seguir ahí!!

sábado, 9 de octubre de 2010

Un par de semanas tranquilas y corrientes

Hola chicos:
Estas dos semanas han sido muy tranquilitas, con lo que no hay mucho que contar. De todas maneras me apetecía escribir así que voy a ver qué se me ocurre.

No sé si os conté que hace un tiempo Ana y yo recibimos el material que habíamos pedido para nuestras clases: libros, juegos, pizarritas individuales para los niños, y un montón de cosas prácticas. Entre ellas, se nos ocurrió comprar un sombrero que tiene forma de pastel de cumpleaños y que tiene unas velas y todo, y dice “feliz cumpleaños”. También tenemos un póster en el que podemos escribir las fechas de cumpleaños de todos los niños. Así que cuando toca felicitar a alguno, le coloco el gorro que lleva puesto todo lo que dura la clase, le cantamos “cumpleaños feliz” en español, y le regalo una chapa que también pone “feliz cumpleaños”. Pero sólo vale cuando su cumpleaños cae en el día exacto que hay clase. Si cae sábado y tenemos clase viernes, ¡mala suerte! Es que sino me pasaría todos los días cantando la misma cancioncilla… En fin, se trata de hacerlo más ameno.

Pero el otro día fue el cumpleaños de un niño de 5º, y cuando íbamos a cantar, una niña me pidió que si se podía salir de clase, que en su religión no celebraban los cumpleaños. Yo ya había oído algo de esto el año pasado, así que estaba prevenida. Creo que son los Testigos de Jehová. Le dije que no cantara, pero dijo que sólo por estar presente estaría tomando parte en la “celebración”, así que ella, y otro niño, se quedaron fuera del aula durante el ratito que duró la canción y luego entraron y todo tan normal. El caso es que cuando todos estaban diciéndome su fecha de cumpleaños para rellenar el póster ése que mencioné antes, ellos sí dijeron su día como los demás. Lo que no pueden hacer es celebrarlo como si fuera motivo de fiesta.

Lo habré dicho ya, pero eso de que cada profesor tenga su propia aula es lo mejor del mundo. Es lo que más echaré de menos cuando vuelva a España. Para esto de las canciones, por ejemplo, como cantamos alguna todos los días al empezar y no siempre se acuerdan de la letra, pero no la puedo estar copiando en la pizarra cada vez, pues tengo varias opciones: o la tengo escrita en unas hojas grandes que tengo enrolladas como un póster y luego con imanes en un momento la despliego y la “pego” a la pizarra, o están escritas en una transparencia y enchufo el proyector que tengo fijo ahí preparado, bajo la pantalla, y ¡a cantar! Y eso vale para cualquier tipo de ejercicio que quiera hacer.

Ya llevamos mes y medio de clases. De momento no estoy teniendo problemas de disciplina, o son menores. Eso es fantástico. No sé si tiene que ver con cómo funciona ahora el colegio o qué, pero en cualquier caso es una maravilla. A ver si dura. En algunos casos también ayuda que los niños ya me conocen del año pasado y saben que yo no voy con bromas, y se controlan. Sobre todo algunos de 6º. Son un curso tremendo. Es el único curso del que me he librado de dar clase (doy de todo desde kinder a 5º), pero los tengo a la hora de la comida en una guardia. Hay que estar con ellos durante esa media hora y controlar que se comporten y que luego lo dejen todo limpio, y llevarlos a una especie de patio al final, para que jueguen y corran un rato. Eso si no llueve, claro. Y alguno se cree que porque es hora de comer puede pegar gritos y hacer lo que le dé la gana. Pero cuando me ven acercarme se frenan y se les acaba la tontería.

Otra cosa curiosa que se me ocurre contaros es que se recibieron en el colegio muchas banderas nuevas de Estados Unidos. En cada clase ha de haber una colgada. Y un profesor envió un email a todos diciendo que si habían recibido una bandera nueva y tenían la vieja para tirar, que él las podía recoger porque conocía a un grupo que se dedicaba a no sé qué cosa que sabría deshacerse de ellas dignamente. No vayas a tirar la bandera a la basura sin más. Eso sería una falta de respeto…

Aparte de las clases, los fines de semana han sido ya de lo más tranquilitos. Hoy he tenido a varias compañeras/excompañeras del cole en casa para un “facial”. Una de ellas ahora es representante de la marca Mary Kay y va por las casas vendiendo sus productos, así que nos ha hecho una demostración. Ha sido divertido.

Por cierto que cada vez que alguien viene de nuevo a mi apartamento se queda encantado con él. Y me encanta que me lo digan. La verdad es que he tenido mucha suerte y estoy súper-bien aquí. Aunque también digo siempre que el alquiler lo pago en consonancia… Creo que son unos 30 metros cuadrados, pero bien repartidos. Ojalá tuviera esta cocina en mi piso de Ibi. ¿Por qué las hacen tan pequeñas allí? Ésta es lujosamente amplia. Es un placer estar en ella. Y con lo que nos gusta a nosotros, en general –digo, a los españoles–, cocinar, no entiendo cómo no las hacemos igual.

Tengo tos. No me cuidé la garganta con el cambio de tiempo y pasó lo que tenía que pasar. He estado varios días en el colegio sin voz. Fatal. Pero lo vengo a contar porque como necesito un jarabe nuevo me he acordado de cómo va el tema de las medicinas aquí:

Como en tantísimos otros países, uno puede comprar las medicinas básicas en supermercados o droguerías: jarabes, aspirinas, antiinflamatorios… Son flojitos, pero la solución cuando uno necesita una dosis más alta es tomar un número más alto de pastillas y ya está. Pero los más fuertes no los venden si no es con receta. Lo que pasa es que uno va al médico y le dice qué medicina quiere, por eso el médico no es realmente el que decide la marca, y no existe el problema que hay en España con los proveedores. Aquí lo que hacen es anunciarlos por la tele para que la gente los conozca y los pida.

Pero hay veces que no quieres pagar consulta con el médico para que te dé una medicina que ya sabes que quieres. Eso le pasó a una compañera hispana hace un tiempo. Necesitaba algo, y no tenía receta. Dice que su madre es enfermera o algo así, así que entiende lo que necesita y le va bien para lo que padece (así me lo explicó cuando yo la advertí de lo peligroso de automedicarse, porque se trataba de antibióticos), y la forma de conseguirlos fue ir a algún tipo de tienda regentada por dominicanos, creo que dijo. Ella sabía que ahí venden medicinas sin receta si eres de confianza, así que les insistió en que ya la conocían (no se fiaban porque ella no es dominicana), que la habían visto muchas veces, venga, anda, no seas así…, y se la dieron. Pero normalmente sólo venden así a dominicanos. ¡¿Qué te pareix?!

Bueno, pues así os dejo por hoy. No hay fotos, y lo siento. Días de mucho, vísperas de poco, ya se sabe.
¡Hasta la próxima!